sábado, 25 de octubre de 2014

MI PRIMER RECUERDO:





         La mayoría de los recuerdos que tengo de mi infancia están basados en fotos, comentarios o de lo que me han contado. Muy pocos son recuerdos almacenados en mi cabeza.

        Con apenas seis años fui al zoo de Madrid, tengo una buena imagen de aquella visita al zoológico, pero no por el recuerdo precisamente si no por una fotografía que tengo junto a los osos, mi felicidad se ve reflejada en mi cara. También recuerdo la vez que me disfracé de hippie para el carnaval del colegio, tengo varias fotos pero me acuerdo de ello principalmente por lo que mi madre me tiene contado.

        Sin embargo, recuerdo a la perfección el día que compré a mi perro. Este recuerdo si está grabado en mi cabeza, pero, no tengo ni una sola foto, que casualidad, ¿no?
         
        Cuando entré en aquella tienda de animales sabía que al salir, llevaría un cachorrito entre mis brazos, pero para nada pensé que ese sería mi actual perro. Apenas tendría ocho años, quería un perro pequeño, blanco y con manchas marrones, pero en cuanto la dependienta me enseñó los perritos que había, ninguno era de esas características.
       
        Uno de ellos vino corriendo hacia mis pies pero cuando me agaché para acariciarlo el cachorro se hizo pis a mi lado. Ese ya no me gustaba.
         
        Los demás perros estaban dormidos o muy tranquilos y eso era precisamente lo que yo no quería. Entre estos apareció uno corriendo por toda la tienda, ¡parecía una bala!, era blanco y pequeñito, sólo le faltaban las manchas marrones. Se puso a jugar conmigo, estaba eléctrico y lleno de alegría, sin duda, ese era el perro que quería y el que salió entre mis brazos de la tienda.